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Un grupo de estudiantes de la UC se reúne todos los sábados en pleno centro de Santiago a regalar abrazos a los transeúntes. Han tenido éxito y por eso ahora piensan en extender la iniciativa e ir a entregar afecto a los niños del hospital Calvo Mackenna.
La primera vez que Danilo Urbina (20) llegó al Paseo Ahumada con su letrero de “abrazos gratis”, la gente que prometió acompañarlo no lo hizo. ¿Qué hacer? Se limpió el sudor de la vergüenza, levantó el aviso y sin percatarse, un cuerpo de mujer se le vino encima.
“El primer abrazo siempre cuesta, pero después, fluyen como si nada”, confiesa este estudiante de psicología que cada sábado, junto a nueve amigos de la universidad, se reúne a dar abrazos en Ahumada con Huérfanos.
La idea de los abrazos nació hace cinco meses, cuando Danilo andaba por YouTube y vio al australiano Juan Mann promocionando la campaña Free Hugs (abrazos gratis). Emocionado, les contó a sus compañeros, a la gente del coro y de los Trabajos de Verano, la maravilla que este sujeto hacía en Sidney. Sumó aplausos y pocas voluntades, las suficientes, claro, para alegrar desde la una a las cinco de la tarde con saltos y bromas la rutina santiaguina.
“Antes de participar yo estaba muy nerviosa. Me preguntaba a mí misma: ¿qué pasa si nadie me abraza?, ¿si todos me hacen el vacío? Pero una levanta el cartel y la gente llega al tiro”, afirma Daniela Riquelme (19), alumna de Educación de Párvulos.
En la calle se viven momentos de alegría y también de susto. Personas que piden un koala y otras, más que un abrazo. A Daniela, por ejemplo, la apretaron tanto una vez, que supo de inmediato para dónde iba el asunto. “¿Y mi beso?”, dice que le preguntó el sujeto con un tufo amargo. Quedó pasmada.
Pero en general la gente es sensata, dicen. Y hay de todo. Porque nunca falta el papá que manda desde lejos a sus niños para “abrazar a las tías” o el cliente frecuente que llega siempre con un helado para regalar.
“Es que esto es la vida”, dice con ímpetu la alumna de intercambio Charlotte Roberts (23). “Es el único momento de la semana en que puedo ver felicidad en las personas”.
A esta comunidad, conformada por alumnos de Agronomía, Psicología Educación y Párvulos, le ha ido bien. Tanto, que no descartan aceptar la invitación que el Hospital Calvo Mackenna les hizo para visitar a los niños con cáncer. Aunque primero, quieren reclutar a más personas dentro de la universidad. Y ya está decidido. Echarán andar la fiesta de los abrazos en algún populoso lugar de San Joaquín, entregando papelitos con el blog que los agrupa.
“Queremos que este servicio sea masivo. Explicarle a la gente que lo que damos nosotros no se compara con la felicidad que nos dan de vuelta”, confiesa Danilo.
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